Proyecto Minotauro

Si bien la Biodanza tradicional nunca utiliza un abordaje terapéutico, es decir, nunca afronta directamente el conflicto, sino que trabaja potenciando la luz, Rolando Toro creó una extensión de la Biodanza justamente para desafiar el mayor conflicto que paraliza al ser humano: sus miedos.

La inseguridad parece ser la característica del viaje por el laberinto existencial: ¿cómo caminar por la vida? ¿cómo escoger el camino correcto? ¿Existe, acaso un camino correcto? Todos nos hemos enfrentado y nos enfrentamos día a día con estas preguntas.

El mayor obstáculo para responderlas y hacerlas realidad es fundamentalmente todos los miedos que actúan como fuerza paralizadora de nuestra existencia.

Nuestro desafío es superar los miedos existenciales (miedo de la muerte, miedo de lo sobrenatural, miedo a amar, miedo a la soledad, miedo al abandono, etc).

El Proyecto Minotauro nace de la necesidad de superar núcleos conflictivos resistentes y deshacer patologías aparentemente irreductibles. Trabaja actualizando el conflicto, enfrentando la estructura de los miedos que lo sustentan.

Tiene como objetivo crear un entorno en el que cada persona puede conocer profundamente su propio Minotauro, enfrentarse a él y superarlo gracias al apoyo de grupo que genera genera un ambiente de seguridad, confianza y fortaleza que el participante puede vivir como propia. Le permite hacer un camino existencial del miedo a la confianza.

Para desarrollar este trabajo cada participante tiene que rellenar previamente un formulario con todos los  miedos básicos que están dentro de las fronteras del miedo a vivir, al amor, a lo primordial y a la expresión: miedo a vivir, miedo a amar, miedo a lo primordial y miedo a la muerte.

El proyecto Minotauro tiene un carácter profundamente ceremonial, hasta el punto que el propio facilitador se convierte en un verdadero oficiante de un proceso de transformación en el que cada participante, individualmente o en pequeños grupos, va a ir desafiando sus miedos básicos a través de danzas elegidas específicamente para ello.

En esta experiencia el desafío no consiste en matar al Minotauro interior, sino en asumirlo (hacerlo propio). En lugar de negarlo o matarlo, podemos integrar esta energía vital y transformarla con la ayuda del grupo.

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