Pilar Peña

Desarrollo temprano

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Biodanza para niños es una actividad esencial desde el punto de vista del desarrollo cognitivo, emocional
y motor.


Tendemos a pensar que estos tres factores son aspectos independientes. En realidad están entrelazados y es esta interacción lo que se traducirá en una nueva manera de ser y estar en el mundo.




Cada niño tiene el reto de la expresión y desarrollo de su singularidad e identidad.


En el período de siete a once años, se proponen nuevos desafíos, el medio se vuelve más exigente: más duras las tareas, mayor necesidad de auto-control, de concentración, más responsabilidad y autonomía. Por otro lado es el momento para mostrarse al mundo, exponiendo sus opiniones e ideas.


Es precisamente en este punto que la Biodanza puede apoyar al niño en una conquista segura de sus propios espacios. Los ejercicios de Biodanza desarrollan una mayor conciencia del cuerpo y el movimiento, la base para el desarrollo cognitivo y la autoestima.


Además, en Biodanza se promueve la capacidad de interactuar de manera segura y con respeto a los demás, facilitando el proceso de integración en grupos y de vínculos de amistades.


Todos estos factores tienen un impacto directo en la salud mental y el desarrollo cognitivo de los niños, lo que facilita una mayor adaptación al medio escolar, fomentando el interés por aprender a través de la curiosidad y el placer de descubrir el mundo, ya que la Biodanza actúa directamente en la plasticidad neuronal, estimulando la creación de nuevas redes sinápticas.

Los niños que practican Biodanza, como los adultos, desarrollan más la capacidad de percibirse a sí mismos en relación con los demás y con el mundo, al aumentar su capacidad de empatía y feed-back. Así, las respuestas son más creativas, innovadoras y coherentes con la necesidad concreta.